jueves, 9 de diciembre de 2010

10/12/10: Escribir, resistir, Shônagon, Woolf (Melina Gills)

Literatura de Resistencia: Sei Shônagon y Virginia Woolf
Los académicos y los historiadores literarios han agotado la dicotomía femenino/masculino, a menudo a costa de la mujer. En lugar de examinar la literatura escrita por mujeres contrastándola con la escrita por hombres, compararé la obra de dos mujeres, separadas por el tiempo -un milenio- y por la distancia física -europea una, asiática la otra. En el año 1929, invitaron a la autora inglesa Virginia Woolf a dar una conferencia sobre “las mujeres y la ficción” en la Universidad de Cambridge. Allí se originó un ensayo titulado "A Room of One’s Own", en el cual Woolf propuso una mirada dialéctica a la doble función de mujer-escritora. En las siguientes páginas haré un breve estudio de "El Libro de la Almohada" (Makura no soshi) de Sei Shônagon, autora japonesa de fines del siglo X de la era Heian, usando como punto de partida la ponencia de Woolf.

Woolf imagina a la hermana de Shakespeare, Judith, quien, por falta de independencia material y mental, no pudo cumplir con su potencial literario – se quedó en la oscuridad mientras que su hermano floreció como el mejor escritor de su época, quizás de todas las épocas. Woolf piensa en ella al escribir, “All these infinitely obscure lives remain to be recorded” (Parte 5). En cambio, Sei Shônagon no figura entre estas vidas no registradas. No fue olvidada, no ha desaparecido: la recordamos hoy, como muchos la han recordado, y se ha mantenido en la tradición literaria japonesa e internacional. Intentaré analizar como Sei escapó al triste destino de mujer-olvidada, subyugada a una historia patriarcal.

Virginia afirma que ciertas condiciones materiales, sociales y económicas son necesarias para la producción literaria. Los pobres, entre los cuales sitúa a las mujeres, no escriben porque “Genius like is not born among laboring, uneducated, servile people” (Parte 3). La posición históricamente financiera precaria de la mujer ha imposibilitado el desarrollo de su potencial literario. Vivir sin habitación propia o sin un sueldo propio le ha quitado la posibilidad de escribir al “nivel” de los hombres que sí han tenido estos recursos básicos. Aunque siempre dependiente de otros, Sei disfrutaba de una posición económicamente segura dentro de la corte, como dama de compañía de la Emperatriz, y su padre - Kiyohara no Motosuke, conocido poeta y erudito - le había brindado una sólida educación.

Las condiciones necesarias para escribir no sólo incluyen ciertos recursos materiales sino también libertad mental, para poder “pensar” y para hacerlo sin la interrupción de las “obligaciones femeninas”, y sin las limitaciones de las voces e instituciones autoritarios. Durante el “fluir de conciencia” (“stream of consciousness”), Virginia es interrumpida varias veces y se le niegan los espacios de educación y pensamiento: la iglesia, la biblioteca y el “turf” de pasto – todo por ser mujer. Experimenta, en una medida menor, el rechazo y la prisión mental, que históricamente afectaron a las mujeres; “All the conditions of her life, all her own instincts, were hostile to the state of mind which is needed to set free whatever is in the brain.”

Las condiciones de Sei, en cambio, posibilitaron la escritura “en privacidad” (o por lo menos “sin interrupción”), con libertad de dejar fluir las palabras. Sei refleja sobre la triste vida de aquellas mujeres que “viven en su hogar, sirviendo fielmente a sus maridos; mujeres que no tienen la menor perspectiva interesante en la vida” (41). Estas, dice Sei, se podrían beneficiar de vivir en la corte y así tener la oportunidad de conocer “las delicias” de ese mundo. Es por su posición social que Sei puede decir: “Para mi sorpresa y diversión,” disfrutando del poder de observación (un cierto voyeurismo) y de momentos ideales para escribir. “Me desperté de noche, y la luz de la luna se filtraba por la ventana iluminando las ropas de cama de todas las personas en la habitación. Su claro brillo me conmovió enormemente. Es en ocasiones como ésta cuando se escriben poemas” (257). Sei no es una víctima de la mirada masculina; se ha liberado de ella y es dueña de una mirada propia.

Woolf nota que la mayoría de la escritura femenina se limita artísticamente al estar sofocada por resentimiento contra el hombre y la sociedad opresiva. La vida de la corte les ofrecía a las damas una suerte de independencia de lo "masculino". Era un mundo femenino, encerrado en sí, aunque subordinado al hombre en última instancia. Sin embargo la mujer allí podía ser libre para hablar, pensar, escribir e interactuar con otras mujeres sin la presencia masculina. Dio lugar a relaciones íntimas entre mujeres y a una resistencia a la mirada y dominio del hombre. La Emperatriz le escribe estas líneas de poesía a Shônagon: “Entonces sabrás cuántas veces / mi corazón late de amor por ti” (295).

Como dama de la corte, podía desahogarse por medio la escritura; Sei reconoce el valor purificador de este ejercicio en las cartas: “Si algo nos inquieta y queremos compartirlo con alguien, qué desahogo volcar todo en una carta” (250). Mediante la escritura, nos dice Suzuki, las mujeres pudieron vivir una “segunda realidad” adonde podían ser libres de una manera que era imposible en la “verdadera realidad”. Sei se expresaba libremente con ambos el pincel y la voz. Nos cuenta, “Libremente digo lo que pienso y hago reír a todos” (261). Sei elogiaba a pocos y disfrutaba de las bromas dirigidas a los hombres. Si para Woolf la mujer subyugada era como un espejo que refleja al hombre con el doble de su tamaño verdadero, Sei fue un espejo diminutivo del ego masculino.

En su osadía, Sei escribía lo que quería; y aunque se autocensuraba, sólo lo hacía superficialmente, siempre incluyendo las mismas palabras, historias y opiniones que dice que no debería: “Sé que es un asunto muy vulgar y que todos se disgustarán porque lo menciono. Pero lo hago igual, de hecho me siento con libertad de incluir todo” (192). Expresa una suerte de libertad sexual y corporal para poder escribir: “La visita del amante es lo más delicioso que hay en el mundo” (95). Woolf afirma: “Without self-confidence we are as babes in the cradle”. Ciertamente que Sei poseía una confianza increíble: en su capacidad poética, conocimiento, ingenio e incluso en su relaciones románticas. No faltaron las críticas de los hombres, quienes la atacaron por ser demasiado atrevida, “suelta” e insolente. Sei pone en evidencia el doble estándar y no tiene reparos en criticarlos. Reprocha a “los hombres que califican a las mujeres que sirven en Palacio como frívolas y desagradables” porque ellas “miran a todos a los ojos” y “actúan con soltura” – mientras que ellos actúan igual. Muestras de su indiferencia a las expectativas de los hombres se hallan a lo largo del libro.

No se la puede encerrar a Sei en el dominio de lo puramente “femenino.” Al final de su ensayo, Woolf descubre el poder artístico de lo andrógino: “It is when this fusion [of male and female] takes place that the mind is fully fertilized and uses all its faculties … Shakespeare was androgynous”. Se podría leer a Sei como una suerte de fusión de dos tradiciones, la de Japón y la de China –lo culturalmente femenino y lo masculino. Una la heredó de su entorno, la vida en la corte entre mujeres; y la otra, de su padre. Esta “doble-educación,” como la ha llamado Alberto Silva, fue inusual y se podría entender como generadora de una androginia. Lo de Sei no es autoconciencia-femenina; es una ambigüedad sexual que le otorga el privilegio de pensar en las cosas en sí. “Think of things in themselves,” decía Woolf. Sei fue una mujer en la frontera entre dos mundos, situada en la frontera entre ambos; “Mis notas son de otra clase. Escribí para mi propio entretenimiento, y apunté únicamente lo que sentía” (319). Sei se reconoce, y es reconocida por los demás, como sobresaliente entre todos, mujeres y hombres. Woolf escribe, “Almost without exception they [women] are shown in their relation to men.” Sei logró mostrarse a ella misma, su Emperatriz y el mundo de la corte, independientemente del hombre. Sei escribe sobre las cosas y personas a su alrededor como las ve, involucradas consigo mismas o relacionadas entre sí. Para algunos, su libro funcionó como un texto de instrucción de la poesía y “el sentido de las cosas.”

La condición andrógina le da a Sei una cualidad universal, no sólo porque abarca ambos géneros, sino también porque transmite una realidad que aunque temporal se conserva en parte y que aún hoy la experimentamos. Como nos dice Doi Koichi, Sei ofrece una lectura para todos, leída desde cualquier parte, en cualquier época. Es por esta cualidad que después de la Segunda Guerra Mundial, esta literatura se volvió un arma de resistencia de los hombres japoneses.

Sei Shônagon llevaba en sí el deseo de ser autora y de ser recordada en base a su genio como pensadora y estudiante de la tradición. De sus frecuentes referencias al canon histórico y literario, se puede deducir que tenía conciencia de la función del autor. No fue libre de las críticas y fuerzas opresoras de su sociedad, que imponían la “buena conducta” y la sumisión. Sin embargo, se resistió al anonimato que les quitó a la mayoría de las mujeres el derecho a una tradición. “Publicity in women is detestable. Anonymity runs in their blood” (Parte 3). Como las mujeres descriptas por Woolf, Sei usaba excusas, aparentaba ser conformista mientras que lentamente desgastaba la autoridad patriarcal. Este ingenio la revela como una destacada retórica y política, en adición a ser figura literaria. Creo que su inteligencia no le hubiera permitido deshacerse de sus palabras accidentalmente, como muchos han sugerido ; creo que reconoció el futuro valor de su libro.

Sei expresa: “Ahora me doy cuenta de que, así como inevitablemente brotan las lágrimas, según dice el poema, del mismo modo estas notas dejarán de pertenecerme” (318). Las notas, como la vida, dejaron de pertenecerle; y ahora son de nosotros, de los hombres y las mujeres, desde Japón al resto del mundo. “Think only of the jump, I implored her,” escribe Woolf, y Sei lo hizo.

Bibliografía:
- Shonagon, Sei, "El libro de la almohada", Buenos Aires: Adriana Hidalgo 2000 (orig: circa 990), trad: Amalia Sato.
- Woolf, Virginia, "Un cuarto propio", Buenos Aires: Emecé 1963 (orig: 1929), trad: Jorge Luis Borges.
- Chance, Linda H. “Zuihitsu and Gender: Tsurezuregusa and The Pillow Book.” Inventing the Classics: Modernity, National Identity, and Japanese Literature. Ed. Shirane, Haruo y Tomi Suzuki. Stanford: Stanford University Press, 2000. 120-150.
- Greenaway, Peter, dir. The Pillow Book. Basado en el libro de Sei Shonagon. 1996.
- Paz, Octavio. “Tres momentos de la literatura japonesa.” Proyecto Ensayo Hispánico.
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