miércoles, 9 de marzo de 2011

Zensualidad. Usos del cuerpo en la literatura japonesa





Hace un año, durante el seminario "Experiencia del análisis, experiencia del zen", un participante (diría mejor: un amigo analista que me quiere bien) sugirió cuestionar el cruce o frontera entre el carácter etéreo que (errónea y tozudamente) se le endilga al zen y el carácter marcadamente biologista que adjudicamos de forma espontánea a la vida corporal. Llevo meses dando vueltas a tan oportuna cuestión ((recordemos: a) el conocimiento pende del hilo de Ariadna de las buenas preguntas; b) el conocimiento mayéutico siempre se entrevera con la conversación)). Dado que el zen (el zazen) comienza en y con el cuerpo, tal como insisten sus más renombrados patriarcas, mi tarea consistía en remontar, con el ansioso atrevimiento de la trucha, el río torrencial de ciertos estereotipos vigentes sobre el cuerpo japonés, sobre la sensualidad como manifestación de la cultura nipona y sobre la sexualidad a ojos del budismo.

¿Es el zen tan espiritualista (hasta la desmaterialización), tan gaseoso (hasta lo etéreo), tan prescindente (hasta la abstención), tan ajeno a las cosas de este mundo (hasta el despiste tipo Mr. Hulot), como dan por hecho ciertas aproximaciones convencionales (por cierto bastante frecuentes)? ¿Son los japoneses (considerados "inventores" del zen) tan pacatos y envarados como asegura el chiste proverbial? La respuesta que puedo dar a esas preguntas (llena de matices, pero nada negativa) es un seminario que empieza a mediados de abril de este año y del que ahora mismo doy mención, en forma de cartel anunciador. Este blog seguirá hablando del tema con la frecuencia que aconseje el correo suscitado.

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